sábado, 7 de febrero de 2009

Arte 7

¡Viva el 'Manga pop'!


(Foto: Promocional/Takashi Murakami)

Takashi Murakami ha dinamitado el concepto del arte. Sus obras, entre el cómic y la pintura japonesa, han revolucionado un mercado ansioso de novedades. El nuevo Warhol habla para 'el País Semanal'.
Margaritas de pétalos blancos sonríen dulcemente, champiñones coquetos y calabazas tan simpáticas como la que se transformó en carroza para Cenicienta. No es la ilustración colorista de un cuento, es arte contemporáneo, lo último salido del taller del que llaman el nuevo Warhol japonés, Takashi Murakami, un creador que escala aprisa los puestos de honor de las listas de los más reconocidos. La revista Artnews lo situaba este año entre los 30 primeros artistas del mundo, tras sus exposiciones en el Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles y en el Brooklyn de Nueva York. Esta última, con un título tan explícito como © Murakami, llega ahora al Guggenheim de Bilbao con 90 obras entre esculturas, pinturas, dibujos y diseños de un hombre diferente.

"Mi generación", afirma Murakami, de 47 años, "es el público del arte del futuro". Una teoría que lanzó en forma de manifiesto a finales de los noventa con Hello, you are alive y que consolidó hace nueve años cuando presentó su primera monográfica bautizada como SuperFlat -"Queremos cosas nuevas porque deseamos ver el futuro"-. Unió el estilo de las pinturas de los maestros antiguos japoneses con los colores planos del cómic y la animación. Oriente y Occidente, el manga y el vinilo, un nuevo pop con Murakami como icono tan popular que incluso Kanye West, el rapero estadounidense, reclamó su colaboración para su último disco, Graduation. Juntos idearon la puesta en escena de la canción Good morning, un videoclip protagonizado por un oso con gafas de persiana que intenta llegar a tiempo a su ceremonia de graduación.

Nacido en Tokio en 1962, la carrera artística de Murakami ha sido meteórica. Marc-Olivier Wahler, director del Palais de Tokyo en París, un centro pionero en arte contemporáneo en Europa, le describió acertadamente como un Goldfinger. "Murakami convierte en oro lo que toca", dijo. No se equivocaba. Es una máquina de hacer dinero, y sus obras se cotizan ya en millones de dólares.

Con aspecto de samurái, perilla, coleta y gafas redondas, Murakami aparece como un personaje de cómic en los vídeos que distribuye su empresa, la Kakai Kiki Co., Ltd., con sede en Tokio y en Long Island, Queens, Nueva York. En Kakai Kiki, un centenar de empleados, artistas, animadores, escritores y artesanos trabajan a destajo produciendo arte y objetos. Hombre parco en palabras, Murakami responde a El País Semanal con frases cortas y contundentes: "No soy un artista global. Soy japonés", afirma el creador de Mr. DOB, su álter ego, un personaje blandito, simpático, grotesco y feo, con grandes ojos redondos y orejas a lo Mickey Mouse, un cruce entre Hello Kitty, Sonic, el erizo de Saga y Doraemon, el gato cósmico del popular cómic japonés. Mr. DOB, que ha ido evolucionando con su creador, es ahora un Doctor Jekyll, un monstruo de afilados dientes que engulle lo que encuentra a su paso.

Murakami ha intelectualizado su trabajo con la idea de un Japón "plano", sin recursos, traumatizado tras el lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki en la II Guerra Mundial. Las setas multicolores que aparecen en sus pinturas son un recuerdo de aquellos hongos de muerte. "Por supuesto que el trauma de la bomba atómica está presente en mi obra", dice. "Ningún japonés de la generación de los años sesenta lo padeció, pero yo pienso mucho acerca de lo que aquello significó para nuestro pueblo".

Ese sentimiento de recuperación del orgullo japonés lo ha extrapolado a su colaboración con el diseñador de moda, el estadounidense Marc Jacobs -quien lo descubrió a través de un catálogo de Christie's-, para el que renovó el logo de Louis Vuitton. Murakami cree que diseñar para estas grandes firmas es una manera de poder llevar el arte a la calle. A la pregunta de si su colaboración con Marc Jacobs y Louis Vuitton es una búsqueda de esa cultura popular, echa balones fuera: "Es fruto de la pura casualidad. Marc es un brillante diseñador, hombre de negocios y artista".

En la retrospectiva que le dedicó el Museo de Brooklyn, la misma que llega ahora al Guggenheim de Bilbao, se ofrecía al espectador en un gran escaparate de cristal el merchandising del artista, 500 objetos creados por su empresa Kakai Kiki. Como respuesta a las críticas de los puristas, Murakami contraatacó preguntándose sobre qué es el arte contemporáneo y estableciendo paralelismos entre su diseño del anagrama LV con La fontaine de Duchamp.

¿Cree que su trabajo es tan provocativo como el urinario de Duchamp?

No. Es mucho más mediocre.

Murakami vive la mayor parte del año en Japón. Aparentemente, sólo se dedica a trabajar. "Mis padres viven en Tokio, la ciudad en la que resido, y respecto a lo que usted me pregunta sobre qué hago en mi tiempo libre, le diré que veo películas de dibujos y de ciencia-ficción en DVD".

Dicen que es un obseso del trabajo -"Hace arte y duerme"- y cuentan haberle visto en los montajes de sus exposiciones con su saco de dormir y cocinando noodles en un infiernillo.

Los programas de la televisión nipona son un referente en la obra de Murakami. Recuerda especialmente las comedias del actor y director japonés Takeshi Kitano - presentador de Humor amarillo-: "Me gustaban mucho, especialmente una, El castillo de Takeshi". Ni Superman ni el Hombre araña. Sus héroes de ficción, japoneses por supuesto, son "Ultraman, Ultra Seven y Ge ge ge no Kitaro. Ellos representan las tensiones sociales durante el periodo de gran crecimiento económico en Japón", afirma.

Los colores del pop, la influencia japonesa y algunos elementos surrealistas hacen de las obras de Murakami una mezcla única: "Es arte que sigue la historia japonesa pura en el contexto de historia del arte occidental". Su objetivo, dice, no es transmitir al espectador belleza o técnica: "Quiero que vean el poder del espíritu que lucha".

No le molesta el paralelismo entre él y Andy Warhol , porque "Warhol hizo realidad que una persona débil y nada cool se convirtiera en un héroe. El que se me compare con él debe significar que yo también soy una persona débil y nada cool, y eso quiere decir que soy sin duda un artista". Sobre Picasso afirma: "No soy un experto en su obra, pero ahora me gusta. Antes no me gustaba nada". Y cuando se le pregunta por algún otro artista europeo, Murakami menciona a dos: "Franck Muller, que hace relojes de pulsera muy complicados. Y Frank Miller, un dibujante y guionista estadounidense, y director de cine (el autor de Sin City y 300).

A mediados de los años noventa, Murakami descubrió las posibilidades de la escultura. Su Miss Ko2, de largas piernas, con cabellera rosa al estilo Barbie, e Hiropon, con enormes pechos de los que surge un surtidor de leche que rodea la figura, son una provocación. Murakami lo niega: "Mi arte, aunque parezca positivo y alegre, no es pop arte. Es el reflejo de la lucha de la gente discriminada".

Entre el pop y el otaku (la cultura japonesa del manga), Murakami se autorretrata en Mr. DOB e Inochi -un adolescente de cabeza apepinada que recuerda a E.T-. "Los dos son mis hijos. Sin embargo, nacieron en tiempos distintos. Mr. DOB fue creado hace ya diez años, es el primer personaje que hice. Inochi fue ideado hace cinco años. Me siento en edad fértil, es algo parecido a cuando tienes el tercer hijo". Mr. Pointy, Tan Tan Bo y Oval también forman parte de sus representaciones acerca de lo que él llama "la desesperanza". En Bilbao se expondrá además su gigantesco Buda, uno de sus "dioses artísticos", una escultura en plata impactante.

La obra de Murakami se ha ido dulcificando con el tiempo. ¿La razón? "El público aprecia las cosas kawaii [tiernas], y yo he acabado por incorporarlas".

Artista, teórico, hombre de negocios, ¿en qué papel se siente más cómodo?

Como pintor. Cuando pasan días sin que haya podido dar una pincelada, me siento frustrado y desgraciado.

Se sintió, en cambio, muy feliz cuando visitó el Guggenheim de Bilbao en septiembre del año pasado. La experiencia que vivió en el restaurante del museo, dirigido por el cocinero Josean Martínez Alija, fue impactante. Murakami no cesó de elogiar al chef por las perlas de tapioca en un fondo de legumbres y la pierna de lechal con requesón y jugo de mostaza: "Fue mi primera visita a España. Tiene una cultura gastronómica que es una de las tres grandes del mundo. La comida que sirven en el restaurante del Guggenheim es maravillosa".


Gracias:
JULIA LUZÁN, El Pais
http://www.elpais.com/articulo/portada/Viva/Manga/pop/elpepucul/20090208elpepspor_8/Tes
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