jueves, 3 de junio de 2010

LA CAMA DE PANDORA

SEXY RELATO


(Ilustración: Luci Gutiérrez)
'Todas somos multiorgásmicas'
El otro día escuché en el programa El Punto G Radio a un tipo que fardaba muy ufano de que su novia era “multiorgásmica”. Pero en plan:

-“Oye, que mi novia es multiorgásmica, ¿eh?”, como si hablase con sus colegas de los caballos de un Maserati o de los cilindros de una Honda.

Menos mal que allí estaba Óscar Ferrani, experto en juguetes eróticos, para sacarle un poco los colores y, de paso, de dudas.

-“Multiorgásmica, como todas. Porque sabrás que todas las mujeres están capacitadas físicamente para sentir más de un orgasmo en cada encuentro sexual".

-“¿Sí? Pues eso no es lo que yo he visto...”, insistía el oyente.

-“Físicamente están capacitadas todas; son multiorgásmicas en potencia. Otra cosa es mentalmente, porque hay mujeres que se bloquean. Y, por supuesto, también depende de la complicidad con la pareja, y de la habilidad que tengamos para poder activar todos sus resortes”. Toma ya. No hay como tener un experto de cabecera para que vaya derribando uno a uno todos los mitos del mundo.

Desde que me he enterado me siento más en sintonía con el universo y la naturaleza porque, si bien no creo haber presumido nunca en estas líneas de ser multiorgásmica, cuando recientemente redescubrí que lo era (como todas) voy comentándole a todas mis amigas la suerte que tenemos las mujeres.

Y digo “redescubrir”, porque cuando me inicié en el tortuoso sendero del sexo, como tampoco en aquella época se hablaba mucho de si uno era lo normal o siete una tontería, me pareció que mis muchos y variados orgasmos eran algo de lo que disfrutaban todas a la hora del follar

Pero resulta que no, que no todo el monte era orgasmo. Con el tiempo se extendió el falso rumor de que sólo un mínimo porcentaje de las mujeres eran del tipo metralleta, mientras que la mayoría eran armas de un solo tiro o escopetas de corcho. “¿De verdad voy a tener yo tanta suerte? ¿O soy rara?”. Reconozco que mi desconcierto coincidió en el tiempo con un ritmo de vida enloquecido, varias mudanzas y cambios de pareja y, un mal día, me di cuenta de que había perdido mi don.

“Se acabó”, pensé, “ha sido entrar en los 30 y los orgasmos encadenados se han quedado en la década anterior”, con lo que a mí me gustaba dejarme llevar mecida en el éxtasis inagotable de mis amantes. “Así es la vida”.

Pero de eso nada. Cuando conocí a Carmen, que es algo mayor que yo, ella seguía (y sigue) disfrutando de varios orgasmos en cada encuentro sexual. De hecho, para Carmen la definición de un polvo bien echado es cuando se corre, por lo menos, cuatro veces en un solo intento.

Me ha costado mucho tiempo comprobarlo, pero después de un largo y proceloso test empírico os puedo asegurar que sí: que mi don (ése que tenemos todas) ha vuelto y hace un par de años me sorprendí a mí misma con un recital de siete orgasmos (¿dónde estabais, pequeñuelos?) en un mismo polvo. Por la mañana, como pensé que lo había soñado, le pedí al joven que me ayudaba en el ensayo si podíamos repetir el proceso y… ¡eureka! Cinco hermosos orgasmos me volvieron a dejar prácticamente sin sentido otras tantas veces.

No siempre he encontrado a señores con el suficiente aguante como para sacar todo lo bueno que hay en mí, pero mi media de placer/amante ha subido muchos enteros. Aunque todavía estoy lejos de los rankings de los buenos tiempos, cuando conocí a aquel científico (no es una metáfora: era investigador), que logró arrancarme nada menos que 12 o 13 orgasmos seguidos en lo alto de una litera y con la cabeza golpeándole en el techo. Siempre tuve la duda de si, a ras del suelo, la cosa hubiera ido a más o a menos. Deberían haber hecho este experimento en la Estación Espacial.

Pero insisto: no estoy presumiendo (sería como presumir de tener dos manos), ni Carmen ni yo somos unas privilegiadas.

Patricia, nuestra amiga psicóloga, afirma, como Ferrani, que sí, que las mujeres, si nos desbloqueamos y nos olvidamos de lo cansadas que estamos y de la de cosas que tenemos que hacer mañana, tenemos siempre más de una petite mort en la recámara. De hecho, ella (siempre tan organizada) tiene como obligación autoimpuesta correrse al menos dos veces cada vez, “para no perder la costumbre”.

A Marta prefiero no preguntarle de momento. Desde que estranguló con ayuda de Eugenio, su entonces psiquiatra y ahora marido, a la maldita Dafne y su complejo, me conformo con saber que es capaz de correrse, aunque sea una sola vez.

Pero quien me ha decepcionado profundamente ha sido Elena.

-“¿Multiorgásmica? Pues sí, alguna vez, pero vamos que yo paso de eso… Con uno por polvo voy que me mato”, ha contestado con un gesto de incredulidad hacia lo que ella considera “hazañas de viciosas”.

Después de interrogarla entre todas, ha acabado confesando que a ella, todo lo que sea acabar más tarde y más sudados le da “muchísima pereza” y que, como sabe que puede correrse más veces, no le preocupa:

-“Ya me encargaré yo de correrme cuando me apetezca deslumbrar a algún chico, no os preocupéis”. Hala, como quien decide un día cambiarse de chaqueta.

De ella me esperaba cualquier cosa, pero que se negase el placer por desidia… Con la de pobres mujeres anorgásmicas que hay por el mundo.

Si es que Dios le da pan a quien no tiene dientes.


Gracias:
Pandora Rebato
http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/lacamadepandora/2010/06/03/todas-somos-multiorgasmicas.html
♪♪♪♪♪

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