miércoles, 23 de abril de 2008

Andy Warhol

Artista contemporáneo



(Diseño: Andy Warhol)

Siempre polémico, regresa al cine en ‘Fábrica de sueños’, filme que narra su tormentosa relación con Edie Sedgwick, su musa y motivo de discordia con Bob Dylan

En una entrevista realizada por Gretchen Berg en 1968, Andy Warhol afirmó: “no pintaré más, he dejado de hacerlo desde hace aproximadamente un año, y ahora sólo hago películas. Claro está que podría hacer dos cosas a la vez, pero las películas son más interesantes y la pintura no fue nada más que una fase que he superado”.

En realidad el giro hacia el cine del reconocido artista plástico cuyas serigrafías seriales de Marilyn Monroe y las emblemáticas latas Campbell’s forman parte indiscutible de las artes visuales del siglo XX, había comenzado en 1963 cuando adquirió su primer equipo de filmación, una Bolex silente de 16 mm, que lo fascinó por su capacidad de reproducción mecánica y la aceptación masiva del medio cinematográfico, algo muy importante para quien tenía en la fama su principal objeto de deseo.

Aunque no se ha podido establecer un catálogo definitivo de las películas de Warhol, algunas fuentes refieren más de 75 producciones que igual incluyen Andy Warhol films Jack Smith filming Normal Love (Andy Warhol filma a Jack Smith filmando Amor normal, 1963) de tres minutos, que Four Stars (Cuatro estrellas, 1966-1967) de 25 horas de duración.

Entre esos dos extremos los experimentos más radicales del cine underground estadounidense de la década de 1960. Su primer experimento fue Sleep (Dormir, 1963), un intento de filmar a un hombre durmiendo durante ocho horas. Los títulos de sus siguientes películas son literales, prácticamente no se ve otra cosa en la pantalla que lo que enuncia el nombre de las imágenes: Kiss (Beso, 1963), Haircut (Corte de cabello, 1963), Eat (Comer, 1964), Henry Geldzahler (1964) y la representativa de estos filmes, Empire (1964), una toma fija —cuya proyección se prolonga por 8 horas— del Empire State Building, icono arquitectónico de Nueva York.

Warhol describió sus intenciones como director de cine: “mis primeras películas en las que utilizamos objetos estáticos, debían ayudar a los espectadores a conocerse mejor entre sí. Cuando vamos al cine nos encontramos normalmente en un mundo de fantasía. Viendo mis películas se pueden hacer más cosas que viendo otras: se puede comer y beber, fumar, toser, mirar a otro lado, y luego volver a mirar hacia la pantalla para darse cuenta de que todo sigue estando allí.”

El cine de Andy Warhol, ubicado en los límites del arte, desafió las convenciones del lenguaje cinematográfico, sobretodo el establecido por la industria hollywoodense. La mayoría de sus cintas carecen de narración, se componen de secuencias más que largas, sin cortes ni escenas ni movimientos de cámara. Como escribió un crítico de arte, “no hubo ninguna ley formal contra la que Warhol no atentara”. La banalidad de los temas abordados, sus superestrellas (entre las que destaca la presencia de Edie Sedgwick, quien actuó en más de una docena de films warholianos) que o se mostraban realizando alguna acción monótona o actuaban con ademanes exagerados, propios de actores aficionados, los diálogos propios de una conversación trivial, todo ello redundaba en espontaneidad y un acercamiento extremo a lo real que puede resultar irritante.

Aún así, a pesar de lo poco habitual y en apariencia sin sentido que tienen los filmes del artista estadounidense, son muchos los planteamientos radicales que su propuesta implica para el universo del cine como lo conocemos, desnudando de modo extremo los artificios de la producción convencional así como del conjunto de presupuestos que asume de forma irreflexiva el espectador de un film. Jonas Mekas, fundador y director de la Film Makers’ Cooperative donde Warhol presentó la mayoría de sus trabajos, lo expresó de mejor modo: “una película de Warhol se ve sin precipitación. Ya desde el principio impide al espectador que tenga prisa. Su cámara apenas se mueve del sitio. Permanece dirigida hacia el objeto como si no hubiera nada más hermoso ni importante que ese objeto”.

Aunque entre 1968 y 1972 la mayor producción de la Factory, como se conocía al taller de Warhol en Manhattan, consistió en largometrajes en 16 mm que se transferían a 35 para su posterior distribución comercial, Warhol se fue desentendiendo de los quehaceres cinematográficos que relegó en su ayudante Paul Morrissey, quien adoptó un lenguaje narrativo más convencional. Warhol se movió de nuevo hacia la pintura y comenzó a editar la revista Interview. Había sobrevivido a un atentado y también había dejado su impronta sobre el medio artístico más moderno, el cine.


Gracias:
Rosalina Piñera
El Universal
http://www.eluniversal.com.mx/espectaculos/82693.html

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