viernes, 25 de enero de 2008

Leyenda

Yovaltaván, el diocesillo olmeca robachicos


(Imagen: Archivo)

Las personas mayores de San Andrés Tuxtla y poblaciones vecinas, en la región sureña de Veracruz, suelen contar con cierto espanto historias de secuestro y explotación de niños. El culpable, dicen, es un diocesillo llamado Yovaltabán. No se ponen de acuerdo en el significado de este nombre: para algunos es “Hombre mentiroso”, para otros, “Mujer nocturna”, pero todos coinciden en la manera de operar de este personaje de la mitología olmeca.

Yovaltabán habita en lo más profundo de la selva y sale de su refujio poco antes del amanecer hacia alguna aldea en busca de víctimas. Cuando encuentra a un niño entretenido en jugar se transforma en infante y se une al juego. Una vez ganada la confianza del pequeño, Yovaltabán lo convence de ir a su casa, alegando la cercanía y ofreciéndole dulces y juegos más divertidos.

Al estar suficiéntemente alejados de la comunidad, Yovaltabán se convierte en un adulto con rasgos demoniacos, rapta al infante y lo esclaviza al lado de otros cientos de niños secuestrados, quienes labran la tierra, limpian la casa y cumplen cualquier deseo de su amo, cuyos dominios están en lugares muy alejados, como islas de difícil acceso. Los únicos seres capaces de vencer al secuestrador son los Chaneques, quienes en vez de guerrear prefieren hacer travesuras. Yovaltabán mantiene a sus esclavos hasta la adolescencia, cuando, cualquier sublevqción juvenil, devora al rebelde para renovar sus poderes, transformarse nuevamente en niño y remplazar al engullido.

En la reserva veracruzana de Nanciyaga, en los alrededores de Catemalco, es frecuente encontrar, a lo largo de los ríos, pequeñas esculturas de niños con rasgos e indumentaria similares a las megalíticas cabezas olmecas, en representación del diocesillo. La gente de esta zona, al recibir visitantes con niños, cuentan a los pequeños esta historia y les advierten: <>.

Por Luis R. Cuevas

Contenido. 31 de octubre de 2005

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