jueves, 8 de enero de 2009

Fausto Llerena

Entrevista con guarda del Parque Nacional de las Galápagos


(Foto: Michele Catanzaro)

Fausto Llerena, Guarda del Parque Nacional de las Galápagos: "Confiamos en que el Solitario Jorge tendrá crías este año"
Participó en su captura, lleva años cuidándolo y fue el primero en descubrir sus famosos huevos: el guarda Fausto Llerena (Pelileo, Ecuador, 1939) es sin duda el mejor amigo y el más cercano del Solitario Jorge. Esta tortuga gigante de las islas Galápagos es un ejemplar realmente único porque se trata del último representante conocido de su subespecie, Geochelone nigra abingdonii, caracterizada por un caparazón con forma de silla de montar.

Los investigadores llevan años intentando que el Solitario Jorge se reproduzca para evitar la extinción. Cuando a mediados del año pasado se difundió la noticia de que se había aparejado con unas hembras de una subespecie similar, se dispararon las emociones, tanto el entusiasmo como también la desconfianza (circularon noticias según las cuales los huevos no existirían). Ahora las esperanzas están menguando. Pese a el gran interés mediático, hay muy pocos testimonios sobre la historia del Solitario: no se conoce ni su edad exacta, estimada en unos 105 años, ni el origen de su nombre.

¿Cómo se encontró el Solitario Jorge?

Fue en la Isla Pinta, en 1972, durante una cacería de cabras, una especie introducida que amenaza la fauna autóctona de las Galápagos y que por eso intentamos eliminar. Éramos unas 14 personas, entre ellas un estudiante de Guayaquil. Mientras nosotros perseguíamos las cabras con rifles, él procedía más despacio observando los animales muertos. Fue así como detectó unos excrementos de tortuga. En una segunda expedición, tres meses después, encontramos el ejemplar que los había producido, el Solitario Jorge, y lo llevamos al centro de crianza de la Estación Charles Darwin, en la isla de Santa Cruz. Yo cuidé del Solitario a partir de 1983.

¿Qué carácter tiene Jorge?

Cuando llegó aquí era muy tímido, siempre trataba de escapar de las personas. Pero luego se hizo más amigable, especialmente con la gente que trabaja aquí. Se acerca, alarga mucho el cuello y abre la boca como si quisiera decir algo.

¿Quién le puso el nombre?

No sé ni quién le puso el nombre de Jorge ni por qué. Desafortunadamente, no hay ningún registro de su llegada a Santa Cruz. Yo recuerdo las fechas, pero no existen informes sobre su llegada.

¿Siempre ha tenido buena salud?

Sí. Solo una vez estuvo enfermo, por comer mucho. Había un árbol muy grande de cactus, una opuntia, que se cayó en su corral. Comió muchos y tuvo una indigestión.

¿Qué intentos se han hecho para lograr que se reproduzca?

Al principio se puso con las hembras que se encontraban en el centro de cría, que eran de una subespecie distinta. Los investigadores han intentado siempre averiguar si alguien en el mundo tenía una tortuga de su misma subespecie, pero hasta ahora no se ha encontrado. En 1991 se descubrió que en la Isla Isabela había unas tortugas muy parecidas a Jorge. Entonces, yo y un compañero fuimos a buscar dos, que son las que desde entonces están con él.

¿Estas hembras le gustaron?

Durante muchos años no les hizo caso. Se hicieron muchos intentos para lograr la reproducción. Incluso una chica intentó estimularlo físicamente para sacar el esperma, pero sin éxito. Se han hecho observaciones de comportamiento: cómo se relaciona con las hembras, en qué momentos está activo, cuándo le gusta moverse- No fue hasta este año en que se logró que se aparejara con ellas.

¿Cómo detectaron que estaban embarazadas?

Las tortugas deponen los huevos en un hueco en el suelo de 30-35 centímetros de profundidad. Pueden hacer varios intentos durante muchos días para encontrar el sitio adecuado. El pasado julio encontramos uno de esos intentos: raspadas en el suelo. Entonces entendí que alguna tortuga iba a anidar. La primera hembra tardó dos semanas en hacer el nido. Pero lo hizo en las rocas y, de los ocho huevos que depuso, cinco fueron destruidos por la misma hembra al taparlos con rocas en vez de tierra. La otra hembra puso ocho huevos en un lugar más adecuado y más tarde volvió a anidar en otro lugar. Recogimos 16 huevos sanos y los pusimos en la incubadora con la esperanza de que nazcan crías.

Sin embargo, ¿parece que están perdiendo la esperanza?

Ya se dañaron 12 huevos. Ahora siguen cuatro en la incubadora, pero probablemente tampoco serán viables. Sin embargo, el veredicto final sobre los cuatro huevos no se conocerá hasta mediados de este mes de enero.

¿Y si no resultaran viables?

Tenemos la esperanza de que se vuelva a aparejar a lo largo de este año. Ya que ha copulado una vez, por lo que podemos esperar que repita la experiencia. El mismo discurso vale para las hembras, que llevaban 15 años sin deponer huevos. Si logran tener más huevos, estoy seguro de que esos sí que van a ser fértiles.


Gracias:
MICHELE CATANZARO, PUERTO AYORA, GALÁPAGOS
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